Destino 1

Arrodillada, apoyada en aquel frío muro de piedra, sintió el leve sonido de su infancia.
Las lagrimas se habían agotado, y aunque hubiera deseado, no hubiera podido llorar
La nostalgia le hizo temblar el espíritu, tanto tiempo había sido como aquella muralla, fría, inquebrantable, pero sin sentimientos. ¿Cuantas veces había abandonado todo, con una bolsa con lo necesario apenas y sin decir ni adiós, hasta el transporte mas cercano al lugar mas lejano?.
Sin nombre, ni identidad, ni destino.
El mundo siempre giraba en torno a una sola persona, ella misma; no veía un mundo en los demás, sino a los demás en su mundo. Nostalgia hiriente que hasta los huesos se apoderaba de ella. Un mudo motivo que navegaba por entre los deseos de ser libre. De un día escapar. y no saber nunca mas nada de lo que había sido y era su pasado. Pero nunca imaginó que cada vez que algo malo ocurriera en su mundo, tomaría la misma determinación. Huir, huir lejos, del dolor, de la desdicha, pero al mismo tiempo, de la responsabilidad y la valentía. Huía, no solo de los errores que dejaba atrás, sino también del deber de dar la cara, de enfrentar lo que pasaba; se decía a si misma, “así sufrirá menos, pensará que simplemente me fui y ya” pero no, no era eso, el corazón realmente no ocultaba el motivo “Me iré, me iré por que no me atrevo a decirlo, prefiero sin mas anteponer mi voluntad a la tuya. sin explicaciones” Y se largaba.
Luego, ya muy lejos, miraba por el transporte cercano, el destino que dejaba detrás, tenía una memoria abismal para recordar detalles austeros… letreros, calles, paisajes…
Letreros, calles y paisajes que no quería volver a ver, y entre menos los recordaba como “conocidos” mas se alegraba.
Su nuevo mundo, su “borrón y cuenta nueva”, su destino limpio de pecados.
Atrás, con nombres de calles y marcas de letreros, quedaba no solo el sufrimiento, algo de ropa y los recuerdos, también quedaban un pedazo de ella misma, decidido a abandonar, sin retorno, sin deseos.
Una huida sin memoria, una mentira que crecía y crecía, un nombre, un pasado, un destino que la había llevado a su nuevo hogar. De alguna forma sabía que ese nombre no la abandonaría, que permanecería en todas las escapadas, sin importar los amantes de ambos, los compromisos, los celos. Pero tenía que huir. Quedarse era enfrentar que aquello que creía suyo, no lo era, y no, ella debía anteponerse al resto. A todos. Incluso a el. Después de todo lo que había hecho, por sobretodo, debía anteponerse a él.
Y la canción comenzaba de nuevo…
La melodía y el piano sonaban distintos… pero la voz y la canción eran siempre la misma.